Homenaje mundial a Ken Saro Wiwa
 El sábado 12 de noviembre la misma lluvia gruesa de todas estas tardes se dejó caer sobre la ciudad. A las cinco en punto, hora en la que estaba convocada la lectura para recordar al poeta ogoni ejecutado, Ken Saro Wiwa, aún los goterones insistían sobre la plaza de Chacao. A las cinco y veinte ya era sólo un hilo fino de aguas repicando en el cemento, a las seis y diez escampaba finalmente y la humedad cundía el aire. En estos días de noviembre oscurece de repente, así que las farolas marcaban de pronto con su vaho de luces los puntos de la cuadrícula. En frente de la estatua ecuestre de Bolívar, un grupo de ocho hacían círculo alrededor de una fotografía colocada sobre una mesita, una vela encendida y una cesta con monedas de chocolate. Los sonidos eran varios y uno: los cánticos de la misa de adentro de la iglesia, los gritos de algunos niños que jugaban con una pelota, en un banco una mujer cantaba su melancolía, un incesante fado, las voces de un poema marcaban un ritmo en ondas, esparciéndose concéntrico junto a los humos del tabaco negro. El ritual de afuera del templo también oraba por la misma carne ajusticiada, un niño leía la carta del poeta preso: "espero lo peor, pero guardo esperanza por lo mejor", un trago de licor quemante en la garganta. Afuera de la plaza las cornetas de los carros, otros ruidos, y era la noche ya.
En el círculo de voces Edda Armas, Anabel Aguilar, Ana Teresa Torres, Ruth Hernández, Belkys Arredondo, Carlos César Ríos, Eleonora Requena, Yolanda Pantin. Algunos llegaron y se fueron, Ildemaro Torres, Sonia Hecker, otras rondaron también la las adyacencias, Doménica Aglialoro, Carmen Cristina Wolf.
En la foto, Víctor, un niño de diez años que jugaba en la plaza, se acercó y se ofreció a leer textos del poeta.
Eleonora REQUENA
Poeta
Ken Saro Wiwa, poeta del país Ogoni
"Si vivo o muero es intrascendente. Es suficiente saber que existe gente que compromete su tiempo, dinero y energía para luchar en contra de este diablo, entre tantos otros que abundan en el mundo. Si ellos no tienen éxito hoy, lo tendrán mañana. Debemos mantenernos en la lucha para hacer del mundo un mejor lugar para toda la humanidad —cada uno contribuyendo con un pedacito, a su manera" escribió en prisión Ken Saro-Wiwa.
Ocho meses estuvo detenido el poeta nigeriano Ken Saro—Wiwe, en régimen de incomunicación antes de ser juzgado y condenado a la horca por un tribunal especial, al margen del sistema judicial normal, integrado por doce jueces y un militar nombrado por el general Sani Abacha, gobernante militar de Nigeria a mediados de los noventa. La sentencia era inapelable. El poeta Saro —líder fundador del Movimiento por la Supervivencia del Pueblo Ogoni (MOSOP)— así como ocho de sus compañeros —de la minoría étnica ogoni— denunciaron haber sido torturados y maltratados bajo custodia militar. El 11 de noviembre de 1995 fueron ejecutados, contra peticiones internacionales del mundo entero.
Ken Saro-Wiwa, nació en Bori (país Ogoni) en 1941, Estado de Rivers en Nigeria. Hizo estudios universitarios y trabajó en las Universidades de Ibadan y Nsukka, hasta el inicio de la guerra en Biafra; luego ocupó cargos de responsabilidad en el Ministerio de Educación, más era substancialmente: un escritor, un hombre de paz, un militante defensor de los derechos y la dignidad de los pueblos del Delta del Níger en África. Para Saro "el escritor debe ser el hombre intelectual de acción", creyente de la no—violencia y en las palabras como las mejores armas para el combate social.
Convencido, estaba también, de que un ambiente limpio es uno de los primeros derechos humanos, y siendo testigo de excepción, se hizo vocero para el mundo —a través de sus artículos y sus libros— manifestando en contra de las corporaciones multinacionales y de la dictadura militar nigeriana por el trato inhumano que el gobierno y las transnacionales petroleras le daban a los Ogonis: su pueblo.
Hay evidencias de que, desde hace 500 años, ese pueblo ocupa las tierras en el extremo oriental del Delta del río Níger. Tierras ricas en oro negro que es extraído para generar grandes fortunas que son literalmente confiscadas, despilfarradas y hasta expatriadas mientras los pobladores —dueños ancestrales de las tierras, los maglares y del mismo petróleo— no tienen luz, ni gas, ni cañerías de agua, ni instalaciones sanitarias en sus casas—, siendo analfabetos más del 43 % de la población, y viviendo en extrema pobreza. Hasta el hallazgo petrolífero en la región, ocurrido en 1958, los ogoni mantenían una economía basada en la agricultura de subsistencia, y lejos de haberles traído prosperidad social y desarrollo institucional en los básicos renglones de la salud y la escolaridad, la explotación del oro negro por parte de las compañías transnacionales, entre ellas Shell y Chevron, les trajo devastación ambiental y ecológica, miseria y hambre, ruina de las tierras que eran fértiles, trato inhumano —violándose todos los derechos humanos— y discriminación étnica y cultural, al punto de llegar a ser asesinado si se aproximaban a las instalaciones multimillonarias a buen resguardo militar.
El pueblo Ogoni, que a lo largo de su historia, logró mantener su independencia, ya que ni siquiera aceptó ser colonia del imperio británico, ni participó en el comercio de esclavos, dió en 1990, su primera expresión rechazando la injusticia y la pobreza a la que se le sometía en la famosa "Declaración Ogoni", pero es en 1993 que la conflictividad que viven los ogonis en Nigeria salta a las primeras páginas de la prensa internacional, y en ello mucho influyó el prestigio de Saro—Wiwa, quien escribía y publicaba sus poesías, novelas, memorias, artículos históricos y periodísticos, sin poder divorciar el arte de las creencias políticas. Su hijo Ken Wiwa, afirma que su padre escribía para llegarle a las masas, pero que en un país donde muchos son analfabetos, decidió abandonar la escritura y llevar sus creencias a la calle", fundando el MOSOP.
En junio de 1993 organiza la primera manifestación pacífica en Port Harcourt contra los daños que la industria petrolífera venía causando y contra la pasividad del gobierno ante el deterioro económico y ecológico de la región, así como por el reconocimiento de los derechos culturales de la nación Ogoni. Pocos meses después lo detuvieron sin razón, sobre lo cual declaró: "me dajaron ir, pero desde entonces mi vida ha dado un giro y me he dedicado a las cuestiones del delta". Las manifestaciones siguieron hasta 1994, año en que el gobierno ejerció la represión feroz, estimándose que más de 2.000 personas fueron asesinadas, obligando a líderes y familiares a huir cruzando fronteras, militarizándose toda la región. En 1995, el poeta Saro-Wiwa y los ocho ogonis fueron ejecutados, y el poeta Wole Soyinya —Premio Nobel de Literatura— tomó exilio.
En diez años sin Ken Saro-Wiwa, Nigeria continúa ocupando una extensión de 923.768 km2 sobre la que habitan 120.000 millones de habitantes, lo que significa que uno de cada seis africanos es nigeriano. Es uno de los países de mayor producción de petróleo del mundo, que le significa el 90 % de sus exportaciones y su mayor ingreso de divisas. La Shell adoptó algunas resoluciones orientadas a lograr mejores estándares ambientales, detener las fugas de gas y reconciliarse con las comunidades. Nadie ha sido formalmente responsabilizado por los delitos del pasado. Los problemas ambientales persisten, ya que el gas que se libera en el proceso de producción para del petróleo se quema en la atmósfera, lo que según un informe de la organización nigeriana Environmental Rigths Action indica que Nigeria es responsable de 20 por ciento del total mundial, lo que cuesta 2.500 millones de dólares al año y convierte a Nigeria en el mayor contribuyente de gases invernadero de toda África. Nigeria hoy tiene un líder elegido en forma democrática, el presidente Olusegun Obasanjo, quien creo la Comisión de Desarrollo del Delta del Níger en respuesta a las demandas comunitarias.
Ken Wiwa, su hijo, para conmemorar el décimo aniversario de la ejecución colectiva de los nueve Ogonis, apoyado por Oil Change Internacional, Amnistía Internacional y otros grupos va de gira por nueve ciudades en las que Wiwa hace lecturas públicas de su libro A la sombra del santo: El viaje de un hijo para comprender el legado de su padre, del que refiere: "En mi libro, imagino el último día de mi padre antes de su ejecución. Entré en su cabeza, reconstruyéndolo a partir de sus cartas y poemas escritos en prisión. Él siempre quería que escribiera y ahora entiendo por qué. Es porque lo que uno escribe es lo que ha dejado atrás".
Edda ARMAS
Poeta. Psicólogo Social.
PEN Venezuela.
Fragmento de una carta desde la prisión
«Aún hay peligro para mí. Los grillos me los quitaron después de 65 días, pero todavía estoy incomunicado, con tres guardias armados en la puerta de la prisión, las 24 horas del día. Caritativamente, ellos aún no han confiscado ni mi pluma ni mi cerebro, aunque he sido informado que mi fiel compañía, mi pipa, lo será. Mi radio y mi franela Mosoop proclamando "El Espíritu Ogoni dice NO" me fueron quitados hace seis semanas pero mantengo mi espíritu creativo sin perder a mi gran compañera, la risa... Espero lo peor, pero guardo esperanza por lo mejor». KSW (19 de octubre de 1994).
Dos poemas de Saro-Wiwa
Encuentro nocturno
Subiendo las escaleras
A través de destellos de luz
Una noche oscura, lo conocí
Alguien y la oscuridad.
Me detuve un momento,
Asustado, tenso.
Se rió amablemente y me relajé
Contento de encontrar
A pesar de la pistola
Que seguía siendo un hombre.
Iluminó la oscuridad
Esa sonrisa amable
En el corazón de la noche...
Pero era sólo una risa tenue
De alguien que pronto habría de morir.
(Versión al español de Angelina Jaffé)
La verdadera prisión
La verdadera prisión
No es el techo que regalima
Ni los mosquitos que zumbean
Dentro de la celda húmeda y miserable
No es el chirriar de las llaves
Cuando el vigilante os recluye
No son las magras raciones
Impropias para la bestia o para el hombre
Tampoco los días vacíos
Que se hunden en el vacío de la noche
No es eso
No es eso
No es todo eso
Son los engaños introducidos
Por nuestras orejas durante toda una generación
Es el agente de policía enfurismado
Ejecutor sin ánimo de órdenes calamitosas
A cambio de una paga miserable
El magistrado que consigna en su libro
Una pena que no es merecida
La decrepitud moral
La ineptitud mental
Ordinaria de los dictadores
La cobardía disfrazada de obediencia
Escondida dentro de nuestras almas denigradas
El miedo que moja los pantalones
Que no se atreven lavar
Es eso
Es eso
Es eso
Querido amigo
Lo que transforma nuestro mundo libre
En lóbrega prisión
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