Noche sagrada
 Una velada inolvidable fue la que nos prodigaron esos dos colosos de nuestras letras, Eugenio Montejo y Rafael Cadenas, el pasado martes trece de junio en el auditorio del Banco Provincial de la Castellana. Velada de incontestable valor humano e histórico, no sólo porque desde hacía diez años nuestros poetas mayores no leían juntos en el país, sino porque en momentos de zozobra y altisonancia como los que discurren, la conjunción de estas voces medulares es maná para nuestros espíritus.
Con bellas palabras inició el acto Edda Armas, en representación del Pen de Venezuela, y seguidamente hizo uso del micrófono Eugenio Montejo, quien, agradeciendo la concurrida asistencia, expresó la significación que para él tenía leer con Cadenas: "Para mí es un gran honor leer al lado de Rafael Cadenas. Cuando pienso en Rafael, evoco una frase que Juan Sánchez Peláez me refirió hace cuarenta años. La escribió André Breton, sobre un amigo muy querido, el poeta Benjamín Péret, y yo la suscribo palabra a palabra, sílaba a sílaba en referencia a Rafael: "Hablo de él como de una lámpara demasiado próxima que durante cuarenta años, día a día, ha embellecido mi vida". Seguidamente, leyó un grupo de magníficos textos, algunos inéditos, aunque dados a conocer en revistas, la mayoría publicados. Le relevó Cadenas, quien recordó al recientemente desaparecido y amoroso poeta, José Barroeta, y de seguidas encadenó diversas composiciones sobre su historia, sobre la poesía y Rubens, entre otros, así como una seguidilla muy particular en referencia al totalitarismo psíquico que padecemos. Como (Entre amigos): "En el silencio que se hace de pronto cuando conversamos / a veces pasa un ángel, a veces pasa un dios / y a veces pasa el tirano / el dueño de la casa / el señor de adentro / No deja de acechar nuestra morada / Un día se apoderará de la puerta / y será el único visitante / no permitirá entrar ni salir / se instalará con las llaves / donde no lo podamos ver. O (El discurso del poder): "¿Qué hace aquí / colada de un látigo / la palabra amor?". O (Vanidad): "El insignificante emperador de Liliput / se llamaba a sí mismo / sin mostrar ninguna prueba / terror y delicia del universo / a pesar de haber conocido a un agente del imperialismo / llamado Gulliver". Después regresó a una serie que calificó de más amable: Se necesitan tres (Un ejemplo de Allan Wats): "Sol / un poco de humedad / y unos ojos mirando / hacen el arco iris". Concluyó leyendo dos poemas de Montejo, "uno muy actual y el otro de siempre" Una fotografía de 1948 y Manoa. En su segunda vuelta, Eugenio Montejo nos regaló con una sucesión de notables piezas, donde destacaron Pavana del adiós a Juan, Autorretrato dormido, entre otros, y devolvió el guiño a Cadenas leyendo dos de sus poemas más emblemáticos: Ars poética y "un poema de los años sesenta, cuando todo era como más amable, cuando teníamos la noche, que nos la quitaron. El poema se llama Nombres".
En nombre de aquella íntima asistencia que siempre compartirá la complicidad de haber trasegado esa noche, agradecemos su voz a los dos amigos, poetas, ángeles.
Oscar MARCANO
FOTO: Cortesía Yelconet.com
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