PEN venezolano en el centenario de Uslar
Sumados al homenaje al escritor Arturo Uslar Pietri, con motivo del centenario de su nacimiento, el PEN de Venezuela organizó dos actividades para recordar su figura y obra en todas sus facetas creativas: El Recital a dos voces mayores (Eugenio Montejo y Rafael Cadenas) y la Cátedra PEN "Cuentistas celebran al Uslar cuentista". Estos eventos tendrán como escenario el Auditorio de la Fundación Provincial.
Recital a dos voces mayores: Cadenas y Montejo
Organizado por el PEN de Venezuela, ofreció al público general la oportunidad de presenciar la voz poética en escenario compartido por dos de los poetas venezolanos más representativos del país, que vienen recibiendo reconocimientos internacionales que los proyectan en el mundo literario hispanoamericano y con ello al talento venezolano, en memoria y homenaje al ilustre venezolano que fue Uslar Pietri. Este evento se realizó el pasado martes 13 de junio.
Cuentistas celebran al Uslar cuentista
Organizado por el PEN de Venezuela, esta Cátedra consiste en un ciclo de cuatro sesiones de lecturas de cuentos. Ocho cuentistas leerán su propia obra en homenaje a Uslar, autor de un legado mayor en este género. Cada escritor participante, leerá a su vez el cuento de Uslar de su preferencia y hará comentarios en torno al mismo. Cada sesión contará con la presencia de dos narradores y un presentador (representante de PEN). El Pen otorgará certificado de asistencia a quien asista a las cuatro sesiones del ciclo.
PARTICIPANTES: Martes 27 de junio: Matilde Daviú y Ednodio Quintero. Presentador: Carlos Pacheco (Investigador literario, Pen Venezuela); Martes 11 de julio: Milagros Socorro y Antonio López Ortega. Presentadora: Violeta Rojo (Académica literaria / Pen Venezuela); Martes 18 de julio: Antonieta Madrid e Israel Centeno. Presentadora: Karina Sainz Borgo (Periodista / Pen Venezuela); y Martes 25 de julio: María Celina Nuñez y José Luis Palacios. Presentador: Héctor Torres (Narrador, Editor / Pen Venezuela)
Presentación de Carlos Pacheco a Matilde Daviú y Ednodio Quintero
Estamos aquí por Barrabás y otros relatos (1928), por Red (1936), por Treinta hombres y sus sombras (1949), por Pasos y pasajeros (1966), por Los ganadores (1980), los volúmenes de cuentos maestros de un maestro del cuento en el ámbito completo de la lengua española; cuentos han sido publicados en decenas de otras colecciones, antologías y traducciones a lo largo de casi ochenta años. También estamos aquí por razones más puntuales, como los cuentos "Baile de tambor" o "Simeón Calamaris"; "La lluvia" o "El gallo" y también por el inolvidable José Gabino, ladrón de caminos… Cada uno está pensando en su cuento o su personaje uslariano favorito. Son cuentos que marcaron en su momento pautas de modernidad y renovación, como sabia y documentadamente nos señaló Domingo Miliani, su máximo estudioso. Cuentos trabajados en tantas aulas venezolanas con estudiantes de todos los niveles; cuentos que en el exterior han permitido a algunos estudiantes asomarse a nuestra cultura y sociedad, a nuestra naturaleza y nuestra historia. Cuentos que son verdaderos modelos de composición, estructura y estrategias narrativas, dentro de ese exigente género de la contención y la intensidad, del rigor y la precisión. Cuentos que otros cuentistas tal vez reconocen como referencias en sus travesías ficcionales. Matilde Daviú y Ednodio Quintero están aquí esta noche para hablarnos de ese tema y por ellos estamos también aquí.
Original manera de celebrar el centenario uslariano en esta cátedra del Pen Club Venezuela, conducido por Edda Armas, creadora de la palabra que es también organizadora febril, eficiente y entusiasta. Se trata de un ciclo de narradores seleccionados como una muestra de la vitalidad y la diversidad del cuento hoy entre nosotros. Comienza el ciclo con Matilde y Ednodio, quienes esta tarde van a regalarnos la lectura de algún texto propio enzarzado, sabe Dios por qué vínculos, en su trayectoria de tramadores de historias, con alguna otra pieza de ficción breve del maestro Uslar. Cuáles son y cómo operan esos vínculos, también nos lo dirán.
El marco no puede ser más apropiado: la exposición "Arturo Uslar Pietri: Un clásico moderno", de la Fundación Banco Provincial y esta sala que tan hospitalariamente ha venido alojando diversos eventos relacionados con ese intercambio entre los amantes de la palabra que Alfonso Reyes llamaba "la vida de la literatura". Aquí y en otras salas y librerías nos hemos encontrado muchos de nosotros en recitales, conversaciones, foros, conferencias, presentaciones de libros, donde escritores, lectores, críticos y editores, hemos ido inventando un necesario espacio para el diálogo. Contra el pesimismo y la queja reiterada de muchos, esta reanimación de la actividad literaria y editorial, y también del interés por la literatura, pareciera autorizarnos a abrir al menos una rendija a la esperanza. La presencia de todos ustedes aquí así lo certifica.
Primero intervendrá Matilde Daviú, cuya dedicación al cuento se muestra en varios volúmenes como Barbazúcar y otros relatos (1977), Maithuna (1989) y, más recientemente (y asequible en librerías a diferencia de los dos primeros) en El juego infinito, publicado en 2005 por Editorial Criteria. No siempre, pero con mucha frecuencia, una voz en primera persona nos habla en estos relatos. Es una voz creíble, verosímil, porque es capaz de transmitir al lector saberes y sabores, sensibilidades y aprendizajes muy diversos, pero que nos parecen fundados en alguna experiencia directa. Son penas o placeres, a veces muy intensos, que atrapan y convencen por sentirse parte de una experiencia vivida, por cierto, casi siempre la de una mujer. Por haber vivido en España, Alemania, Francia, La India y los Estados Unidos y por haber viajado además a muchos otros lugares, Matilde es capaz de llevar de la mano al lector de sus cuentos por mundos geográficos y culturales muy diversos, desde Covent Garden o Washington Square hasta Estambul, una aldea india o un apartamento caraqueño. Por ello, palabras y expresiones en otros idiomas se integran naturalmente al relato. El recorrido no es sólo geográfico; es también psicológico, al ponernos frente a conflictos y texturas emocionales muy diversos, a veces vinculados con amores o amistades interrumpidos, a veces con la exploración de mundos fantásticos o metafísicos, aunque no por ello menos carnales. En sus mejores páginas, la intensidad sensible de lo narrado permea el flujo de la escritura, volviéndola palpitante, juguetona, cautivadora. Un último rasgo que destacó en mi lectura de su libro más reciente es el trabajo metaficcional: una escritura que se observa y se describe a sí misma en el momento de ser producida. En esta dirección celebro especialmente (diría por ahora que es mi cuento matildiano favorito) el sutil homenaje a "Las babas del diablo" de Cortazar que se entrega en el cuento "La ventana", con sus nubes que pasan, su máquina de escribir y el trasvasamiento de lo real y lo ficcional en varias dimensiones.
Después intervendrá Ednodio. Detrás de sus ojos cada vez más japoneses, según Villoro, siempre se está tramando una historia. Hace que conversa con uno, pero en realidad sigue haciendo resonar palabras, escribiendo en su mente otras historias. Entre un pueblito trujillano llamado Las Mesitas, donde todo comienza, y el mundo globalizado y sus alrededores está la escritura de Ednodio Quintero. Hay un asombro de niño campesino en esa mirada narrativa, aunque el personaje de su relato viaje en jet. Su obra narrativa describe una órbita impresionante entre el minicuento o microrelato de menos de 50 palabras, como los que integran su primer libro, La muerte viaja a caballo (1974) y la novela plenamente desarrollada (digamos La danza del jaguar, 1991; o Mariana y los comanches, 2004). Entre estos dos extremos, se encuentra toda la gama posible de desarrollo o condensación, las diversas extensiones posibles y sus correlativas impactos o intensidades, según las leyes narrativas formuladas por Edgar Poe. Es lo que sucede por ejemplo en volúmenes de cuentos como La línea de la vida (1988) o El combate (1995) o en novelas cortas como La bailarina de Kachgar (1991) o El rey de las ratas (1994). Dada la intensidad sensorial de estos relatos, su inmediatez experiencial, su riqueza de imágenes y sorprendentes vuelcos imaginarios, el sólido y convincente ritmo narrativo, casi declamatorio, que se logra en ellos hasta sugerir filiaciones con los poemas—relatos de Ramos Sucre, más que constataciones mentales ofrecen al lector degustaciones, paladeos, ejercicios perceptivos. Aunque Ednodio haya expresado a veces que cerró y dejó atrás el capítulo cuento para asumir y permanecer en la novela, como si aquel fuera una especie de prehistoria de ésta, creo que los cuentos ednodianos son parte fundamental de su obra, incluso los más antiguos. "Narrativa de ecos, de reflejos, de circularidades múltiples", como dice Julio Miranda, es a partir de esos relatos moleculares de compresión máxima y nutrida por su exigencia extrema de rigor que esa obra va desenvolviéndose y experimentando sucesivos grados de desarrollo de la fábula, del número y sobre todo de la complejidad de los personajes, de los escenarios y temporalidades representados, de las diversas modalidades de entrelazamiento de los mundos ficcionales y de los juegos de metaficcionalidad.
Por Uslar, por Matilde y por Ednodio: buen provecho.
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