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Caso RCTV - Libertad de expresión

En Venezuela está a punto de ocurrir una tristeza inédita: van a cerrar un canal de televisión. ¿Su pecado?: ejercer el periodismo crítico. La decisión del gobierno venezolano intenta vestirse de legalidad, pero el traje no alcanza para tapar la verdadera razón de tamaña medida: intolerancia a la disidencia. Entre las tres mil personas que trabajan en RCTV, hay un puñado de escritores que también quedaran sin empleo en pocos días. Escritores y dialoguistas encargados de diseñar telenovelas, unitarios y reportajes periodísticos ya no tendrán motivo para prender sus computadoras. La industria de la televisión en general se distorsionará por completo. Actores, productores y escritores quedaran en la calle, buscando una nueva plaza de empleo con el signo de la urgencia en sus ojos. En Venezuela existe, en rigor, sólo otro canal que hace dramáticos (Venevisión). Es obvio que allí no habrá espacio para los nuevos escritores desempleados. Algunos tendrán que emigrar del país con el trauma que eso implica. Otros ensayarán nuevos empleos que, seguramente, no se parecerán a sus ganas. Ante la sobreoferta de escritores, se depreciará el valor de los mismos en el mercado. Ya todos valdremos menos. Pero hay algo aún peor: el horizonte parece imponer como única supervivencia posible el silenciamiento del espíritu crítico, tan inherente a la naturaleza de los creadores. La autocensura será la premisa. De hecho, desde que se decretó la Ley de Responsabilidad Social para Radio y TV, llamada con menos eufemismo “Ley Mordaza”, el oficio de los escritores venezolanos que trabajan en radio y televisión se ha visto rudamente invadido y vulnerado. Ya no se escribe con la libertad que antes se hacía. Ahora se piensan dos o tres veces las frases o parlamentos que exige una historia de amor. Se evita cualquier ambigüedad, cualquier suspicacia verbal, cualquier franqueza en los personajes que pueda tener una lectura “política” o “tendenciosa”. Ya no se escribe el amor de la misma manera. La cotidianidad se convierte en un tema espinoso. Escribir una telenovela conectada a la realidad social del país es un acto casi suicida: inevitablemente serás mutilado en tus libretos por tus propios jefes. El humor debe ser más pudoroso y pacato. Hay como una orden tácita de maquillar nuestra propia realidad. Escribir sobre la violencia de nuestras calles, sobre el fenómeno de las invasiones, sobre la corrupción de nuestros políticos o sobre la descomposición ética de nuestra propia sociedad puede ser tomado como un acto delictuoso o, mejor, desestabilizador. Los medios de comunicación que temen la represalia del Estado prefieren, entonces, limar las frases de sus escritores, atemperar su verbo, inducir silencios, procurar pactos, sonar poco estridentes y más opacos, en definitiva, cada vez menos reales. Eso, en cualquier parte del talante de un escritor, es el equivalente a una cuchillada en sus manos. Eso es escribir sin los dos ojos. Eso, más que escribir, es callarse mientras tus manos se mueven sobre el teclado. Eso es la afonía del escritor.

Leonardo PADRÓN

 


 
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